Por Qué Doné Plasma Después de Recuperarme del COVID-19

Por Conner Scott


Antes de descubrir que tenía COVID-19, mi conocimiento sobre el virus era bastante básico. Sabía que podría causar síntomas parecidos a la gripa, y que no había una vacuna. Sabía que podía propagarse fácilmente, por lo cual debía tomar en serio las advertencias de los médicos y los funcionarios de salud pública. Lo que no sabía era que en un mes estaría donando mi plasma para ayudar a salvar vidas.


Cuando comencé a sentir los síntomas, a pesar de haber tomado las medidas para mantenerme a salvo, aprendí mucho más sobre el COVID-19.


Aprendí que, a pesar de ser cauteloso e inteligente, uno se puede contagiar. Aprendí también que al virus no le importa ni quién eres ni de dónde vienes.


Supe que puede causar fiebre durante días y fatiga extrema. Y a pesar de que no sufrí físicamente lo peor del COVID-19, la batalla mental de tener un virus completamente nuevo es agotadora. Y qué decir del cansancio y el dolor que me duraron semanas después de haberse ido los peores síntomas.


Aunque nunca entendí exactamente cómo mis amigos y yo nos contagiamos, aprendí que podía haber algo positivo de haber padecido de COVID-19 y haberme recuperarme.


Pasando de luchar contra el COVID-19, a ayudar a alguien más a recuperarse

En el proceso de resultar positivo de COVID-19 y recuperarme, llegué a leer acerca de un nuevo tratamiento experimental con plasma que se estaba utilizando para salvar vidas de pacientes críticos. Y, tras vencer al virus, mi plasma podía contener anticuerpos que ayudarían a un paciente que estuviera luchando por sobrevivir al COVID-19.


Después de leer sobre esta nueva terapia, supe de inmediato que quería ayudar a otras personas donándoles mi plasma. Quise hacer algo, en vez de quedarme de brazos cruzados. Especialmente cuando ese algo podría significar una diferencia de vida o muerte para otra persona.


Después de investigar en línea acerca del procedimiento de donación en Houston, descubrí que el Hospital Houston Methodist fue el primer hospital de la nación en utilizar la terapia de plasma para ayudar a tratar a los pacientes con COVID-19. Y supe que aún buscaban donadores sanos y recuperados del virus.


Exactamente 14 días después de estar libre de síntomas, llamé al Hospital Houston Methodist para programar mi donación. Al día siguiente, ya estaba donando plasma por primera vez.


Como es el proceso de donar plasma para esta terapia.

El proceso no duele. Ocurre mientras te sientas junto a una máquina que recolecta y separa tu plasma del resto de la sangre. Las otras partes de la sangre, como los glóbulos rojos, regresan al cuerpo. Es un pinchazo de una sola aguja en tu brazo, así que no duele.


Las citas solo toman alrededor de una hora. Si bien mi primera cita fue más larga, debido al papeleo inicial, las demás han sido mucho más rápidas. El proceso de sentarse junto a la máquina, mientras se recolecta el plasma solo lleva unos 40 minutos.


Puedo donar dos veces por semana, lo que significa que puedo seguir ayudando a otros pacientes. A diferencia de donar sangre, que solo puede hacerse cada dos meses, donar plasma es posible hasta dos veces por semana. Por ello, planeo continuar haciéndolo, siempre que lo necesiten y me lo permitan.


Donar plasma a mí no quita nada, pero alguien más puede ganar su vida con ello. Yo tuve un caso leve de COVID-19, pero otros no son tan afortunados como yo. Para mí, resulta muy positivo donar mi plasma, porque así puedo ayudar a salvar una vida.


He aprendido mucho con el COVID-19. Todavía estoy muy atrasado en la universidad, pero he recibido mucho apoyo por parte de mis familiares y amigos. Ellos me ayudaron a mantener el ánimo en alto mientras me recuperaba. Incluso mis profesores en la Universidad Texas A&M han sido increíblemente atentos.


Al final del día, aprendí que, si todos nos ayudamos, podemos superar el COVID-19. En mi caso pude ayudar con mi plasma; y hay muchas maneras en que las personas pueden poner su grano de arena, incluso sin haber tenido COVID-19.

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